
El club de la lucha (Fight club, 1999) es una película dirigida por David Fincher y protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton. El intrincado y sorprendente argumento gira en torno a un oficinista con problemas de insomnio, enfermedad que acaba por hacerle adicto a actividades de lo más insospechadas. A medida que pasan los minutos y nos sumergimos en la vida del protagonista, observamos su paulatino avance hacia la autodestrucción y el desmoronam
iento personal. Durante este proceso, conoce por casualidad a un “terrorista de la alta sociedad”: Tyler, tal vez algo más que un tipo peculiar...
Como no quiero destripar lo que muchos consideran una obra maestra, voy a centrarme ya en la escena que me interesa particularmente. En ella, Tyler imparte una rápida lección acerca de la preparación de explosivos caseros: según él, puede fabricarse nitroglicerina y dinamita a partir de grasa animal. ¿Realmente una clínica de cirugía estética es una fábrica de explosivos? En efecto, queridos lectores; unos cuantos kilitos de grasa son suficientes para volar por los aires un coche, a buen seguro.
La grasa de origen animal puede considerarse un precursor denitroglicerina (un precursor sintético es una sustancia a partir de la cual pueden obtenerse otras sustancias diferentes mediante una transformación química). Buena parte de las grasas animales son ésteres de ácidos grasos, más conocidos como triglicéridos o triacilglicéridos. Son moléculas que se obtienen a partir de una reacción de esterificación que tiene lugar de forma natural en hombres y muchos animales entre la glicerina y diferentes ácidos grasos. Resulta entonces realmente sencillo obtener tanto glicerina como los correspondientes ácidos grasos llevando a cabo la saponificación de los triglicéridos que componen las grasas mediante una reacción con hidróxido de sodio o potasio.
El tratamiento de glicerina con una mezcla nitrante de ácido nítrico y ácido sulfúrico concentrados permite obtener nitroglicerina, un potente y sumamente delicado explosivo. ¿Qué cómo hacer esta reacción y obtener nitroglicerina? ¡Pues con cuidado! No pensaríais que lo iba a contar aquí, ¿verdad? :D
Tras observar lo trágicamente delicada que resultaba la nitroglicerina, Alfred Nobel encontró allá por 1866 que mezclándola con un determinado tipo de tierra rica en dióxido de silicio se conseguía estabilizar la nitroglicerina sin que ello conllevase una pérdida de su poder explosivo. Al año siguiente, este preparado se patentó con el familiar nombre de dinamita.
Por otra parte, ya para finalizar, los carboxilatos de sodio o potasio obtenidos tras la saponificación de los triglicéridos es el jabón. De hecho, un claro y tristemente tétrico ejemplo, son los campos de concentración del período del tercer Reich alemán, donde los nazis se hartaron de hacer jabón con los judíos que liquidaban. Los carboxilatos de cadena larga son sutancias de naturaleza anfipática, capaces de solubilizar en agua grandes cantidades de porquería aceitosa. De esta manera, al enjabonarnos las manos con un poquito de agua, lo que hacemos es permitir que estos carboxilatos de cadena alifática larga atrapen la roña de nuestras pezuñas y nos dejen un olor bien agradable a lavanda tras enjuagarnos nuevamente con agua.
Alguien dijo una vez que la química sólo servía para fabricar explosivos. Que conste que considero que esa persona se equivocaba, pero no me negaréis que, aunque un tanto macabra, es una aplicación de lo más interesante.
Un saludo.