martes, 22 de diciembre de 2009

¿Y si pudiésemos ver en otras longitudes de onda?

“Buen día a toda persona presente en esta sala y a todo aquel que escucha desde su casa. Ciertamente hoy puede decirse que es un gran día, sin riesgo alguno de que tal afirmación suene pretenciosa por mi parte. Hoy es el día de la ciencia. Hoy es el día en que el conocimiento científico por fin asoma la cabeza por encima de los hombros de la economía, de la ecología, del desarrollo armamentístico, de la exploración espacial, de la búsqueda incesante de una mejora en la calidad de vida de nuestra especie,… Hoy en definitiva es el día en el que la ciencia, la esencia de todo conocimiento, se ha hecho mayor y se ha emancipado: ha decidido desligarse de sus ya citados hermanos mayores para por fin ser ella la que lleve la voz cantante en la familia. Y ojalá pudiera seguir siendo así durante mucho más tiempo. Hoy, señoras y señores, es el día de la ciencia por la ciencia. Son tiempos difíciles para el ser humano, pero aún en la decadencia de nuestra existencia queda sitio para algo tan hermoso como pueda ser la expansión del conocimiento.”
El silencio más absoluto reinaba en la sala cuando la voz potente e imperturbable del orador no inundaba la misma. No había persona allí sentada que no hubiese sentido una cierta emoción e inquietud hasta el momento mismo en que el doctor Gurewitz saludó a los oyentes. Había allí gente de puntos realmente dispares del planeta. Desde científicos jóvenes que prácticamente habían nacido en aquel recinto, otros muchos que se habían desplazado hasta aquel lugar para vivir en persona la grandiosidad del evento, periodistas y numerosos representantes de la parte que sustentaba económicamente a la Fundación y a su polémica investigación. El orgullo ciego de unos y la opulencia de otros, notable debido al humo y la peste a tabaco, viciaban el ambiente hasta hacerlo repugnante. Y todos ellos se deshacían en respeto y admiración hacia el orador. El doctor Gurewitz era sin ninguna duda el ser más despreciable de todos los allí presentes.
Para el pequeño Greg el día resultaba tan angustioso como otro cualquiera. El escozor que sentía en sus ojos llevaba atormentándole ya una semana y media. Justamente el tiempo que había pasado desde que se despertó tras la operación. No obstante en ese preciso instante vivía atónito pero entretenido como las enfermeras se afanaban en aplicarle el tratamiento que cada mañana era necesario aplicar a los ojos de nuestro protagonista. Limpieza, lubricación con lágrima natural, verificación de retina y de los músculos implicados en el movimiento ocular… Para lo que cualquier niño sería una desagradable visita al médico por cortesía de una conjuntivitis para él era uno de los momentos preferidos del día, rodeado de tanta gente…
“…Hace algo más de medio siglo la investigación con células madre hacía su aparición en el mundillo de la ciencia. Por aquel entonces, como ya sabéis, hubo controvertidos debates éticos acerca de si se debía permitir o no el uso de embriones humanos no seleccionados tras un proceso de fecundación in-vitro en el campo de la investigación médica. Dicho debate estancó la situación hasta hace escasos 10 años. El más que preocupante deterioro de la Tierra causado por la acción del hombre ha sido, contra todo pronóstico, la luz al final del túnel construido por una sociedad tristemente preocupada en exceso por vivir hoy sin pensar en mañana. A la vista de los logros alcanzados aquí, ¿Cuánto bien podría haberse hecho si no se hubiesen puesto trabas al desarrollo? ¿Es justo que por culpa de personas ajenas a lo que a nosotros nos une no hayamos podido hacer un hallazgo como este antes? ¿Por qué deberían ser aceptadas las ideas de una sociedad que con el paso de los años nos ha llevado al fin de nuestros días? Y ahora que tienen cosas de las que realmente preocuparse, se atreven a olvidarse de los que hemos estado sufriendo su indolencia para con la ciencia durante años… Parece que el no ver más allá de nuestras propias narices nos ha pasado factura y, lamentablemente, ésta vez nos ha pasado factura a todos…”
Efectivamente, así era. Hacía ya mucho que se venía especulando con la llamada “crisis energética mundial”. La superpoblación y la falta de formas de energía sostenibles con las que abastecer al ser humano acabó por condenarle a la extinción. La filtración de esa noticia a los medios de comunicación causó un verdadero colapso en la población mundial. El sentimiento generalizado fue el de aprovechar el poco tiempo del que se disponía para disfrutar de una vida totalmente despreocupada, en la que dedicarse casi exclusivamente a la devoción de cada uno. Mientras unos se retiraban a sus casas para pasar el tiempo con sus familias, otros se inclinaban por matar el gusanillo interior de “no quisiera yo morirme sin probar aquello o hacer esto otro”, pero, sorprendentemente, la delincuencia no experimentó ese súbito desarrollo que tantas veces se había plasmado en el cine en tantas películas apocalípticas nacidas en lo que en otro tiempo se conoció como Hollywood. Nadie sentía la necesidad de robar, ni de saquear; en aquella sociedad moribunda condenada por su propia culpa, el orden era, curiosamente, la ley que imperaba por encima de todas. Todos pretendían sentirse felices a su manera, ya fuese con los suyos o consigo mismos si no tenían a nadie. De manera que todo derivó en un despilfarro de los bienes propios en una búsqueda desesperada de una prueba que demostrase que la vida que estaban a punto de abandonar por la puerta de atrás realmente tenía algo que mereciese la pena. Unos se vestían de sus mejores galas para pasar unos últimos momentos con la familia mientras otros buscaban ahogar las penas en vino barato rodeados de los vecinos con que compartían hogueras, basuras y paredes cartón. Pero no todas las personas eran igual de humanas. Puestos a despilfarrar el dinero seamos originales: ¿por qué no gastar mi dinero en financiar una investigación que opere en secreto al margen de la ley? Ése era el pensamiento de los apoderados que brindaban la oportunidad a un puñado de científicos sin escrúpulos que, con la oportunidad en la mano de hacer lo que siempre en la vida quisieron hacer y sin nada mejor con lo que entretenerse no pudieron dejarla escapar.
Tiempo para un pequeño recreo por la mañana. Todos los críos se divertían jugando con sus coches, con sus muñecas, revolviendo aquí y allá. Todos menos uno. Era raro, los otros no le aceptaban. Tenía la mirada extraña, perdida, vacía. Solía sentarse en una esquina y esperar a que viniese Ella. Realmente no quería otra cosa. Era la única persona que era diferente a las demás. Y eso no era algo que él intuía. No era algo que atribuía a un sexto sentido ficticio. Era algo que él veía. Era algo que estaba ahí. Para el resto de los niños no era más que un bicho raro con los ojos de pupilas más claras que nunca se habían visto. No entendían por qué no tenía él las pupilas azuladas como el resto.
“Gracias a los inversores aquí presentes puedo hoy sentirme orgulloso de anunciar uno de los mayores avances en medicina, física, química y biología: señoras y señores, no hay nada invisible. Desde hace algún tiempo hemos conseguido modificar ligeramente el espectro de visión del ojo humano de manera satisfactoria, rebajando el rango mínimo de la longitud de onda a la que puede ver el ojo humano de 400 a 500 nm. El procedimiento que hemos seguido para conseguir esta maravilla es tremendamente sencillo de explicar, pero extraordinariamente complicado de llevar a cabo. Como buena parte de todos ustedes sabrán la retina del ojo humano normal se compone de una serie de células fotosensibles en forma de conos y bastones, que son los nombres con los que se les conoce. Pues bien, hemos analizado la composición de dichas células. Durante años hemos tratado de averiguar cuáles eran las sustancias que forman parte de la retina humana que permiten absorber fotones de luz en el rango de longitudes de onda hasta hoy conocido como visible. La energía procedente de la radiación electromagnética de longitud de onda comprendida entre los 400 y los 800 nm (que se corresponden con los colores violeta y rojo respectivamente) es capaz de excitar los electrones más alejados del núcleo de algunos de los átomos que componen los conos y los bastones. Una vez hemos determinado la estructura de estos compuestos y hemos dado con la forma adecuada de modificar la retina de un sujeto de manera que no sufra efectos secundarios de importancia nos ha sido relativamente fácil llevarlo a la práctica. Si tomamos una molécula cualquiera que tenga un grupo funcional capaz de absorber radiación electromagnética para pasar de un estado fundamental (o no excitado) inicial a un estado excitado final, resulta sencillo modificar la longitud de onda a la que dicha molécula absorbe mayor intensidad de radiación. Lo único que hay que hacer es añadir más grupos funcionales. Eso sí, deben ser agregados los adecuados en una posición idónea. En primeros intentos hemos buscado un efecto de conjugación que reduzca la energía de la transición electrónica producida, para que la radiación que pase a absorber nuestra molécula sea de menor energía. Esto se conoce como efecto batocrómico. El resultado es un individuo que puede captar longitudes de onda de un rango de amplitud igual al del ojo de un ser humano normal aunque esta nueva zona visible en el espectro electromagnético ha sido transpuesta a una zona de menor energía, por lo que el sujeto puede ver en una pequeña franja del infrarrojo cercano a costa de dejar de percibir los colores azul, añil y violeta, que es la zona más energética de la zona del espectro visible para un ojo normal. Pero sabíamos que podíamos ir más allá. Nos ha costado varios intentos fallidos hasta que finalmente hemos podido dar un paso más. La semana pasada operamos satisfactoriamente a un sujeto y conseguimos modificar por completo su retina, hasta tal punto que es completamente ciego a lo que nosotros llamamos luz visible. Su retina es capaz de captar radiación infrarroja, de manera que ve el mundo de una manera por completo diferente a cualquiera de nosotros. ¿Se imaginan ver el agua con color? ¿Se imaginan no reconocer a las personas por su aspecto, sino por el calor que desprenden? No me digan que les vuelve locos la idea…”
Hora de la siesta, pero a alguien le cuesta cerrar los ojos. Arden. Arden tanto cuando están abiertos como cuando están cerrados. Y no puede evitar soltar lágrimas amargas que resbalan por la mejilla hasta que una mano amiga las recoge y se las lleva. Una mano cálida, no existe otro calificativo mejor. Una mano cálida que se tiñe del color de las lágrimas, un color que no puede ser descrito porque sólo el pequeño Greg es capaz de apreciar. Aunque no pueda dormir y esté cansado se siente un poco más cómodo en brazos de Ella, al lado de la ventana, contemplando lo que el resto del mundo llamaba un cielo azul típico de un día despejado. Pero eso no tenía sentido alguno. Salvo por ese Sol rojizo, el cielo parecía siempre el mismo, a excepción de cuando llovía, obviamente. De todas formas poco le interesaba ahora de qué color era el cielo. Le importaba más seguir en brazos de Ella. No era como las demás enfermeras que veía cada día. No había ningún niño de los que le miraba raro que fuese como Ella. Y bien seguro que no había ningún médico que fuese así. De ninguna manera. Y mucho menos Él. Era frío, extremadamente frío. Así lo veía y así lo sentía cuando le examinaba los ojos con aquella herramienta que emitía una “luz” invisible. No entendía por qué se sentía tan orgulloso de él mientras le examinaba y sin embargo al mismo tiempo era tan sumamente frío… ¿No sería orgullo y alegría lo que veía? No, no puede ser. Tenía que ser eso. ¿Qué iba a ser si no? Hasta el momento sus ojos no le habían dicho mentira con respecto a cómo era la gente, pero es que Él parecía tan vacío… Comenzaba a guardarle rencor, lo cierto es que sus ojos le ardían con más fuerza cuando Él se acercaba a verle. ¿Cómo le llamaban las demás enfermeras? Doctor Gurewitz, sí, eso era. Daba igual, no quería saber nada de Él. De hecho ahora mismo ni siquiera quería acordarse de Él. Prefería pensar en Ella. Ella era diferente. Tenía un color distinto al del resto de personas que había visto nunca, no sabía cómo ni por qué, pero era así. Y desde luego era un color agradable, era su color preferido.
Aquel niño tenía algo. Era distinto a los demás. No sólo por el color blanquecino de sus pupilas, no. Aquellos ojos grisáceos eran profundos. Tanto que hipnotizaban. Durante los años que llevaba trabajando allí había cuidado de muchos críos con los ojos más extraños que nunca jamás habría imaginado. Todos ellos de pupilas violáceas, no obstante. Pero había algo más. Tuviesen o no pupilas azuladas, aquellos niños eran normales, vivían felices, como debe ser. Pero éste no. Parecía atormentado, sólo, apesadumbrado. Otra lágrima más. No es normal que nadie llore tanto. Y nadie parece darse cuenta. Todos miran para otro lado. Se queda mirando con los ojos como platos a la mano con la que acabo de secarle la mejilla. ¿Qué estará pensando? ¿Será consciente de lo que le sucede? ¿Del mundo cruel que le ha tocado vivir? Probablemente no. Y seguramente nunca lo sabría. Lamentablemente la operación no salió nada bien. Por eso el doctor Gurewitz se ha tomado tanta prisa en desvelar el descubrimiento. Dentro de dos días tendrá su baño de gloria delante de todas las personalidades interesadas en la Fundación. Eso es lo que Él quería. No le importaba lo más mínimo que al niño le quedase apenas otra semana de vida. ¡¡Condenada operación!! Al fin y al cabo podría ocultar la evolución del pequeño, disimulando sus ojos llorosos de alguna manera y ocultando que padecía de un insomnio fatal a consecuencia de la operación ocular. Y sabía que en aquel mundo que tenía los días contados a nadie le importaría lo más mínimo lo que una pandilla de chiflados con sus diplomas colgados en la pared hiciese con aquellos niños. Además, nadie lo sabía. Sólo la gente que se interesa en el proyecto y que siente una admiración ciega por Gurewitz… Francamente, no lo entendía. No le cabía en la cabeza. Y mientras tanto aquel niño parecía tan diferente a los demás… A cualquier persona, en realidad. No sabía por qué, pero era distinto. De repente se maldijo por haber aceptado tomar parte en aquella investigación, aunque realmente no tenía otra opción. En los tiempos que corrían no. No tenía familia ni nadie con quien vivir. Decidió que prefería mantenerse ocupada de alguna manera antes que sentarse en el sofá de su casa sin hacer nada. Si hubiese sabido de qué iba a tratar la investigación de la Fundación… Le extrañó que encontrase un trabajo de una envergadura tan importante tan fácilmente, pero ¿cómo iba a saber Ella…?

sábado, 12 de diciembre de 2009

¡¡¡Violando voy, violando vengo, vengo!!!


Hoy me remonto a 1978 para hablar un poco acerca de la primera de las cuatro películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve. En este primer filme se cuenta como los padres de Superman se ven obligados a enviar a su bebé a la Tierra, ya que el planeta en el que viven (Kryptón) está a punto de colapsarse, debido a una inminente colisión del planeta con la Estrella local. De manera que lo que hacen es introducir a Kal-el (es el nombre que le dan en Kryptón a Superman, ¡¡pobre criatura!!) en una suerte de cápsula aparentemente no propulsada que tarda unos 3 años en llegar hasta la Tierra. Una vez allí, sus padres saben que será algo similar a un Dios viviendo entre los hombres, ya que su densa estructura molecular podría conferirle una fuerza, rapidez y en general aptitudes físicas muy superiores a las de la raza humana. No obstante, el malvado de turno, Lex Luthor, da con el talón de Aquiles de Superman: la Kryptonita. Se trata de un mineral kryptoniano, que tiene una radioactividad tal que debilita a Superman hasta dejarlo dócil cual votante indeciso. Básicamente lo que tendrá que hacer Superman será arreglárselas para librarse de la Kryptonita, evitar que Lex Luthor se cargue la península de California bombardeando la Falla de San Andrés con el objetivo de hacerse propietario de las coste suroeste de EE.UU. y sacar las castañas del fuego a más de un humano, Loys Lane inclusive. Hasta aquí la introducción, ahora vayamos por partes:



La destrucción de Kryptón: En la película se establece una discusión entre científicos de Kryptón porque no se ponen de acuerdo en si éste colisionará o no contra la Estrella, como así parece indicar la cercanía a la que se encuentran ambos cuerpos. Una de las científicas argumenta que no es seguro que se produzca tal colisión debido a los constantes cambios de trayectoria que sufre el planeta. Dejando al margen el hecho de que no se puede considerar planeta a un cuerpo que no sigue una órbita regular alrededor de una estrella, ¿qué clase de variaciones en se trayectoria debería mostrar Kryptón? Está a punto de colisionar contra un cuerpo considerablemente mayor, por lo que la única trayectoría que debería seguir sería la de ir directamente contra la ya citada Estrella, ¿no? En segundo lugar: yo nunca viví de cerca una colisión de un "planeta" contra una estrella, pero dudo mucho que una colisión así dé como resultado los fuegos de Gijón.


El viaje de Kal-el: Una especie de cápsula no propulsada,... ya, claro... ¿y cómo es capaz dicha cápsula de alcanzar la velocidad necesaria para recorrer la distancia que separa la Galaxia de Kryptón de la de la Tierra en tan sólo 3 años, cambiando constantemente de trayectoria? ¿Cómo sobrevive Kal-el al viaje sin alimento? porque la nave va equipada con un estéreo de alucine (el padre dando la tabarra con todo lo que sabe acerca de la Tierra, qué cosas debe hacer y cuáles no debe hacer cuando llegue), pero no con despensa. ¿Cómo es capaz el crío de entender siquiera lo que le dice el padre? ¿Cuándo duerme? ¿Después de 3 años tumbado... lega a la Tierra y sabe caminar y todo? ¿Aún cuando empezó el viaje siendo bebé? ¿y levanta camionetas también? Será verdad, pero yo no me lo creo.

La cápsula no tiene la morfología más adecuada para penetrar la atmósfera, por lo que al llegar a la Tierra pierde su cubierta más externa... ¿y entonces cómo salió de Kryptón? ¿Qué respiran los kryptonianos? Es más, ¿de qué estan hechos los pulmones de Superman, que puede respirar la atmósfera terrestre y la no-atmósfera kryptoniana? ¿Cómo puede ser un extraterrestre como Superman tan parecido a los seres humanos?


Los poderes de Superman: Esta vez no hay mutaciones que valgan: Una estructura molecular más densa de lo normal, ¡claro que sí hombre, claro que sí! Pero eso sí, Superman se las arregla para medir 1,82 m (hay que ver que actores más canijos se buscaron entonces para el resto de personajes de la peli) y pesar 90 kg, músculos incluidos... Será que está hueco por dentro, no sé. Pero además: de una u otra manera parece lógico que una mayor densidad molecular le haga comparativamente más resistente a los golpes y al calor e incluso más fuerte que una persona normal, pero... ¿mayor velocidad ("prácticamente ilimitada", de hecho)? ¿capacidad para volar? ¿visión mejor que la humana? ¿capacidad para ver a través de las cosas? ( no se les puede llamar rayos X, porque ve lo que le da la gana, como la ropa interior de Loys Lane o lo que lleva dentro del bolso, por ejemplo, aunque no pueda ver a través del plomo), ¿un oído capaz de captar frecuencias más bajas que un oído humano? [Dejo como apunte aquí los pésimos efectos visuales de la película en el vuelo conjunto de Superman y Loys, que ella parece que también pueda volar]. ¿Y qué hay de la Kryptonita? ¿Resulta que lo único que hace pupa a Superman es un mineral de su planeta natal? Que faena para los kryptonianos, oye, que mal lo debían pasar (seguro que también se atiborraban a porquerías). ¿Y cómo puede ser que la densa estructura de Superman no impide que sea vulnerable frente a la kryptonita mientras que a los humanos no les afecta? Esta sí que es buena: es decir que tiene un super-oído gracias a su estructura densamente empaquetada pero no un escudo anti radiación que si confiere el plomo (el plomo corta la radiación emitida por la Kryptonita, o eso parece en la película). Esto cada vez pinta mejor.


Cómo Lex Luthor averigua la debilidad de Superman por la Kryptonita: en una entrevista se publica que Superman viene de Kryptón, y automáticamente Lex deduce la vulnerabilidad de Superman a un mineral que él ni siquiera debería saber que existe. Pero mejor aún, en palabras de Luthor: "si Kryptón (recordemos que es un planeta de una Galaxia diferente a la nuestra) explota, ¡¡¡es lógico pensar que alguno de sus fragmentos llegue a la Tierra!!" Y efectivamente, así es. La película es un disparate tras otro.


El apoteósico final de la película: La Falla de San Andrés existe en realidad, de hecho es una de las más activas de nuestro planeta, causando terremotos importantes en EE.UU., en especial en ciudades de la costa Oeste como San Francisco. Ahora, de ahí a pretender borrar del mapa la península de California bombardeando la Falla... Vamos, es que si comparásemos la energía liberada por la explosión de misiles como los de la peli con lo que libera la Falla de San Andrés en uno de sus terremotos debido al roce entre placas tectónicas, estaría la Falla riéndose de nosotros hasta mañana. ¡Qué demonios! ¡¡Hagámoslo!! La escala Richter es una escala logarítmica que relaciona la intensidad de un terremoto con la energía liberada en el mismo, os invito a que visiteis este link: http://www.angelfire.com/nt/terremotosTnt/ . En la peli se menciona que la bomba es de 500 megatones, a poco que cojamos a la falla de San Andrés cabreada... tela marinera. ¡Como para hacerle algo con un par de petardos de 500 megatones! Pero que si los cálculos fallan no problem, ya está ahí Superman para cerrarnos el agujero otra vez...

Superman en un primer intento consigue salvar a todo quisqui... menos a Loys Lane. ¡Cachis! ¡Qué faena! pobre Superman... No, de eso nada. Superman coge y echa a volar alrededor de la Tierra (suerte de pulmones que respiran en ausencia de atmósfera) en sentido contrario al que rota... ¡¡¡¡¡hasta que consigue pararla y que gire en sentido contrario!!!!! Pero no acaba aquí la cosa, no... ¡¡¡¡¡Resulta que cuando esto sucede se retrocede en el tiempo!!!!! De manera que Superman es capaz de volver al instante justo en el que puede salvar a Loys (no os preocupeis, invierte la operación de antes para dejar a la Tierra girando como siempre) y a continuación al resto del mundo mundial. ¿Pero a quién se le ocurrió semejante chorrada? Va a resultar que tenemos planetas en nuestro Sistema Solar de lo más divertidos... Me refiero a Venus y Urano, que tienen un movimiento de rotación particularmente anómalo:

Venus rota en el sentido opuesto al del resto de los planetas (se cree que por un meteorito que colisionó con él y le hizo cambiar su movimiento). ¿Significa esto que en Venus el tiempo transcurre al revés? ¡¡Anda mira, como en la película esta de Brad Pitt, que nace viejo y va rejuveneciendo con los años!! El caso de Urano es aún si cabe más extraño: su eje de rotación está girado casi 90º sobre el plano de su órbita... a ver quién es el guapo que se atreve a predecir cómo transcurre el tiempo allí...




Un saludo.






jueves, 3 de diciembre de 2009

¡¡¡Hiperturbo, sálvanos!!!


"Hiper-", que en griego significa "superior a". "-Turbo", que en latín significa "remolino", indica en una máquina que el motor es una turbina (turbocompresor: sistema de sobrealimentación que emplea una turbina para comprimir gases). ¿Dos etiquetas sin más? No lo parece. Uniendo estas dos palabras obtenemos "hiperturbo"... un resultado realmente sorprendente, sin lugar a dudas. Lo que son las palabras ¿verdad? Con lo fácil que sería todo si simplemente dejásemos las cosas ser lo que quisiesen ser, sin que nos importase cómo suenan las palabras con las que asociamos cada idea... Puede que ese haya sido el motor propulsor del cerebro del equipo guionista que ha parido al hiperturbo, eso no lo sabemos. Yo desde luego opino que no les faltaría razón, aunque lamentablemente para ellos no en lo tocante con la ciencia ficción.
A todo esto, "¿qué coño es un hiperturbo?" La mejor respuesta que puedo dar a esta pregunta es describir el hiperturbo como un sistema de propulsión excepcional, tremendamente eficaz, que consigue resultados maravillosos como sistema propulsor que es... y que a la vez altera el Universo hasta límites insospechados. Un hiperturbo es un mecanismo para abrir puertas espacio-temporales que tienen una facilidad pasmosa para desembocar en recónditos rincones del Universo en que existe un planeta con una atmósfera habitable. Es un sistema capaz de acelerar una nave gigantesca hasta (supongo) velocidades cercanas a las de la luz en mínimos lapsos temporales sin que la propia nave se desintegre o sus tripulantes pierdan el hipo. Es un sistema de reanimación cardiopulmonar más eficaz que un masaje cardíaco a puñetazos y una sofisticada enfermería espacial de mediados del siglo XXI juntos. ¿Quién iba a pensar que de una manera tan simple (uniendo dos palabras) se podría crear tal prodigio? Lo que son las palabras, ¿verdad?
Sistemas de propulsión y palabrerío aparte, sigamos perdiéndonos un poco más en el espacio: es el año 2058, disponemos de naves espaciales capaces de abandonar la Tierra en dirección a zonas inexploradas de nuestra Galaxia, detenerse, dar media vuelta y llegar al Sol en poco más de 16 horas. Hemos desarrollado la inteligencia artificial hasta el punto de crear robots con sentido del humor. Vivimos tiempos díficiles, cierto es, pero podemos atravesar un planeta al borde del colapso de parte a parte para repostar combustible y aún así poder llegar a casa a la hora de la siesta. No importa cuántos Universos paralelos hayamos creado para ello o si con tanto viaje temporal hayamos perdido ya la ocasión de salvar nuestro planeta. Hace 49 años aún no habíamos conseguido dar con un sistema de orientación vía satélite capaz de guiarnos de manera fiable por una ciudad mientras conducíamos en coche, pero hoy, en el año 2058, poseemos inmensas bases de datos acerca de un Universo que aún no hemos explorado tan fiable que podemos emplearlas como carta de navegación sin miedo alguno a perdernos en el infinito... "nunca había visto un cielo tan extraño, estamos perdidos, ¿verdad?". Un pequeño detalle: a pesar de todos estos avances tecnológicos y científicos, aún no hemos desarrollado formas de producción de energía sostenible decentes, así que nos vemos obligados a buscarnos otro planeta que okupar. ¿Acaso resulta esto mínimamente creíble? Báh, habiendo hiperturbos, qué no tendremos... Lo que son las palabras, ¿verdad?

Un saludo.