sábado, 7 de noviembre de 2009

HÉROES DE LA INFANCIA



Suele decirse que una imagen vale siempre más que mil palabras, y, aunque según tengo entendido esta afirmación no es del todo correcta, sí que supongo que la imagen anterior dará una idea al lector de lo que podrá leer a continuación.

De la serie japonesa de dibujos animados Campeones (u Oliver y Benji) puede decirse que prácticamente basa su línea argumental en el disparate científico. Puede perfectamente obviarse la cuestionable calidad gráfica y lo inverosímil que resulta ser su guión y aún así encontrar material en abundancia que tratar, por mucho que nos pese a todos los que la seguimos de críos.
Si lo normal es que una persona corriente pueda alcanzar una altura de medio metro en un salto vertical común, con una velocidad inicial en el momento del salto de algo más de 3 m/s (unos 11 km/h) para alcanzar la altura máxima de dicho salto a las 3 décimas de segundo de haberse despegado del suelo, no es fácil explicar cómo un chaval de 12 años pueda acelerarse hasta los 176 km/h para elevarse hasta más de 120 metros por encima de sus compañeros de equipo (estimado un tiempo de vuelo de 5 segundos, estimación realmente generosa para con los guionistas de la serie, por cierto).
Añadamos a eso la opción de rematar el balón en el aire con tal potencia que pueda dejar hechos un cisco la red de la meta contraria, los nervios del portero rival y, en el límite asintótico de máxima motivación, el muro que se encuentra detrás de ambos (suponemos que con el propósito de evitar heridos de gravedad entre el público asistente a un partido de fútbol juvenil). ¿Cómo son capaces de comunicar tanta fuerza al esférico (solamente en reposo se le puede dar tal adjetivo, todo hay que decirlo) sin que el rematador sea impulsado en el sentido contrario al del balón (ver entrada anterior)?
Pero no son las piernas de Oliver Aton las únicas partes del cuerpo humano que ostenten virtudes tan desconcertantes que se pueden encontrar en la serie. Haciéndonos una idea intuitiva de a cuánta velocidad puede viajar un balón chutado por cualquiera de los protagonistas de la serie y teniendo en cuenta el estado anteriormente mencionado con que acaba un muro tras el impacto de un balón, resulta complicado comprender qué mueve a un portero a simplemente tratar de desempeñar su función o a un defensor a tratar de impedir un lanzamiento a puerta llegando si es necesario a interceptar el disparo con su propio estómago.
Visto lo visto, lo extaño del asunto es que los médicos de la serie "sólo" tengan que tratar articulaciones luxadas y no hemorragias internas, huesos rotos (alguna mala caída desde 120 metros de altura) o hematomas cerebrales (rematando un balón de cabeza en un córner, por ejemplo).


¿Y qué hay de la saga de juegos de lucha Street Fighter? Durante muchos años pudieron verse (de hecho aún se sigue viendo) en salas de juegos, muy en especial la versión Street Fighter II. Tal fue la fama que alcanzó el videojuego que se hizo una película con actores de carne y hueso, con Jean Claude Van-Damme encabezando el reparto con una sublime interpretación del jefe del aparato militar de "los buenos" y que, como no podía ser menos en una producción americana de tal categoría, inunda de patriotismo cualquier rincón del Universo al que tenga a bien arrimarse (Guille, en el videojuego).
Ahora bien, críticas cinematográficas aparte, difícilmente podría encontrarse un filme que reúna mayor número de inexactitudes científicas. Prácticamente pueden encontrarse ejemplos de cualquier tema abordado hasta ahora en este blog: lanchas hiper-rápidas con un camuflage a la última que la hace invisible por completo (salvo por las ondas que dibuja en el agua y que tira por la borda millones de dólares de inversión), empleo de mutágenos para alterar el ADN de una persona a voluntad, saltos fuera del alcance de una persona normal, violaciones continuas del principio de conservación de la cantidad de movimiento con cada puñetazo que se arrean (en este caso sí que tratamos con humanos), ingravidez y "poderes eléctricos".
¿Cómo consigue una persona volar? ¿Con algún tipo de mecanismo a propulsión? Demasiado poco cinematográfico resultaría eso. ¿Cómo generar carga eléctrica de la nada para descargarla posteriormente? Si a los malos les diese por vestir jersey de lana y estuviesen frotándose cada poco con un boli Bic para conseguir algo de electricidad estática alomejor hasta conseguían que Jean Claude esbozase una sonrisa, pero más bien parece que la electricidad proceda de la nada, o mejor dicho de la falta de coherencia en el guión...



"LA RUEDA FUE UN BUEN INVENTO..."


-¿Y qué pasaría si, como predicen muchos ecologistas, se derritiesen los casquetes polares terrestres?
-Inundaciones, ciudades enteras condenadas a la desaparición, un cambio climático que ríete tú de la contaminación industrial, consecuentes extinciones de muchas especies animales, un más que probable incremento repentino del interés general en cuanto a la exploración espacial (por aquello de buscarnos otro planeta), etc.
Pero es que además de todos esas consecuencias no poco desdeñables la Tierra giraría más despacio alrededor de su eje de rotación. Es decir, que los días se harían más largos. Esto es debido al principio de conservación del momento angular en ausencia de un momento de fuerzas externas a un sistema (como es el caso de la Tierra, sobre la cual el conjunto de fuerzas que ejerce el Universo es despreciable). La inmensa mayoría del hielo que existe en la Tierra se localiza en Groenlandia y especialmente en la Antártida, en donde la capa de hielo acumulado ronda los 4 km de espesor. Se localiza por lo tanto en los polos terrestres (cercanos al eje de rotación terrestre) o al menos en su cercanía, de manera que si se derritiese todo ese hielo se repartiría en forma de agua líquida de manera más o menos uniforme por los océanos de nuestro planeta. Esta relativamente insignifcante redistribución de la masa en la corteza terrestre haría que se incrementase el momento de inercia de la Tierra, por lo que su velocidad angular debería verse disminuída, según el principio anteriormente anunciado.
Para los incrédulos, una situación con la que estamos más familiarizados: el patinaje artístico o el "break-dance". Imaginemos bien a una patinadora girando sobre sí misma en contacto con el hielo o bien a un bailador de break-dance haciendo lo propio sobre su cabeza, en contacto con el suelo y con un gorro en la cabeza. Ambos son capaces de modificar su velocidad de rotación variando la distribución de su masa corporal con respecto a su eje de rotación: cuando alejan brazos y piernas con respecto a dicho eje su velocidad disminuye (aumenta su momento de inercia y reducen su velocidad de giro) mientras que consiguen el efecto contrario si pegan sus brazos y piernas al cuerpo. El rozamiento existente entre el gorro y el suelo en el caso del bailador de "break" o los patines y el hielo en el de la patinadora es despreciable, por lo que el momento de inercia puede considerarse aproximadamente constante.

Uno de los placeres que se obtiene al estudiar ciencia es la aplicación de los conocimientos adquiridos al día a día para comprender las cosas más simples (o aparentemente más simples); aquellas que suceden prácticamente de forma cotidiana. Sirva el siguiente estudio a modo de ejemplo: se ha calculado que es contraproducente correr cuando llueve para tratar de mojarse lo menos posible, a no ser que esté cayendo un verdadero diluvio. La explicación es bien sencilla: cierto es que al correr se permanece menos tiempo bajo la lluvia, pero al desplazarnos más deprisa aumentamos mucho la superficie de nuestro cuerpo en contacto con ella, por lo que parece ser que si echas a correr cuando llueve lo único que consigues es mojarte más. Particularmente opino que pueden sacar todos los estudios que quieran, que yo dudo que algún día no eche a correr cuando llueve para mojarme lo menos posible (si es que me dejé el paragüas en casa, claro está). Cuento esto a modo de anécdota introductoria porque es curioso cómo a veces en nuestra vida cotidiana no tenemos en cuenta los propios conocimientos que tanto sudamos para adquirir: ¿alguna vez habéis visto a algún amigo agitando su cacharro estando de botellón haciéndolo girar con el brazo describiendo una trayectoría circular? Porque yo me sé de más de uno (hombres de ciencia algunos de ellos, además) que lo hacen a menudo, convencidos de que así aquello se mezclará bien.
Pensemos por un momento. Se trata de mezclar dos líquidos de diferente densidad... si aplicamos una fuerza centrípeta mediante el movimiento descrito, lo único que conseguiremos será favorecer precisamente su separación por diferencia de densidades ¿no? (De hecho creo que se aproxima bastante al funcionamiento de cualquier centrifugadora que se puede encontrar en un laboratorio de biología, química, bioquímica, etc). Puede que de todas formas al realizar la operación en cuestión lo poco que se agita el vaso en el movimiento contrarrestre la fuerza centrípeta conseguida y el grado con que se lleguen a mezclar las bebidas sea pequeño o prácticamente nulo... Os pido vuestra opinión en este punto, ¿qué os parece?

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